Estereofonico Podcast #1 En el séptimo día



Queridos Flaks y Leo, aunque lento y aletargado, pero así transcurre la vida en este pueblo...

“Y se cerraron la puertas y se abrió la conciencia” rezaba en un muro blanco recién “grafitiao” que en otro tiempo era impensable siquiera tocarlo de lo limpio que estaba.
Y la temperatura cambio, y el color verde se apoderó del paisaje. Las noticias paniqueadoras pulularon en los teléfonos y los chismes alarmantes llenos de morbo sobre la pandemia viajan mas rápido que de costumbre.

Una “pandemia”, mas bien colectiva, psico-verdadera hace que recuerde los tiempos de la colonia en que Bolívar cabalgaba estas tierras santandereanas pujantes y se metía en cuanta casa grande le abrieran las puertas con parche y todo.
Barichara más conocida con el charro y aburrido apodo de “el pueblito mas lindo de Colombia” se consume en su propio recuerdo, en miradas silenciosas de ancianos dueños del territorio. En campesinos que ven como sus labores se ponen de moda.


Inhala, exhala, haz conciencia de tu respiración! OmShanti



La hermosa, hoy mas callada que nunca Barichara esta repleta de bandos singulares: el Yoga y los Neo jipes por ejemplo, siempre prestos para alinear al cosmos y los chacras, velar por cuanta variación energética vibracional haya sido estropeada por humanos que vibramos en sintonías diferentes. Ellos, son encargados de la seguridad alimentaria de la región gracias a sus dos tomates y tres lechugas que sembraron en su patio según las indicciones del grupo de whatsapp. También generan espacios donde el compartir es prioridad, donde el trueque vuelve y se mete al ruedo y la autosuficiencia se nos pega a todos como un chicle.
Los abrazos y besos se trasladaron a plataformas tecnológicas y a centenares de Cuanto grupo inauguran cada minuto.

Pero las historias se siguen tejiendo. Los hare krishna con su look “NeoNazi-no-me baño, hacen que la gastronomía del renglón de los $10mil sea una opción interesante. El publicista alcohólico que llega y de la capital y que constantemente remembra con nostalgia sus años en Coca Cola. El mismo que al mejor estilo de García Márquez y su coronel no tiene quién le escriba evade a sus acreedores con al esperanza de una pensión que jamás llegará o el famoso costeño de afro abundante que enseña inglé como el mismo lo diría con su acento de Planeta Rica no deja de repartir sonrisas por doquier. Amante de la lectura, la música electrónica, la poesía, el café y los ácidos, me evoca la playa cada vez que tengo la fortuna de me topármelo. El vendedor de pandeyucas con su canasto de mimbre, siempre bienvestido que se reúsa salir del closet y el oriundo caballero de Barichara que no deja de ser un caballero con toda la caballerosidad del caso logra conquistar después de tirar mucho remo el corazón de una francesita que no deja de darle tres vueltas

Me gusta el olor nuevo del mundo, ese olor a limpio, a jabón rey, a alcohol etílico, a “para que me baño”, a antibacterial de Justo y Bueno y lentejas recalentadas. Me gustan los paisajes de neveras llenas, de cuentas jakeadas de netflix y reposteos de teletrabajos. Me gusta ver la felicidad de los soldados de Herbalife, Nuskin y Ganoderma… me gustan las citas de la Biblia de mi tía Cristiana y los Live de los “personal trainer” en que se han convertidos mis contantos de Instagram.
El silencio de las calles grita vez más y más fuerte, excepto en algunas ocasiones en que mi vecino Manzur, llega a su climax gracias a la porción de colágeno diario mientras suena un opera de Strauss en su estéreo de 20 canales.

Decido volver a escribir “por un simple ejercicio mecanográfico” como  “un montón de retazos que forma una tela” algo que tenga una mínima coherencia sintagmática diría en un panfleto declaratorio con mas tinte de humor negro que de otra cosa… su autor? Un hombre delgado, de cabello largo que pasea su camiseta de “i Know What i Like” y de quién hasta hoy lo siguen conociendo como el poeta, el sin ideales, la bruja, el “usted es mi ejemplo”, “el vuelo mas que el vientothe arrow”, el hay que dolor Cartagena, el mismo de un festival de cine pasado por un resfriado y el ella ya me olvido… el L.
El contagioso amor por la tienta (que en ocasiones decidía salir de su kilométrico azul y dejando huella in-borrable en el bolsillo de la camisa… justo de esa.
Ese amor a la letra, al papel, al silencio de la biblioteca y el humo del porro “eguevado”, fue el que nos contagio, el que no hizo soñar con escribir una novela, un cuento corto, una entrevista  o solo una puta columna en algún pasquín barato.
Sueños veloces que recorrían las calles de “Guane” donde viviríamos por unos meses “a ver que salía”. La bohemia era financiada por aquellas épocas así que la cuarentena nos sonaba como una opción viable. Veros ahora, encerrados como pájaros expectantes a saber en que cara de la moneda caemos, si en esa de buscar el epitafio que tanto nos dijo que rezaría en su cripta o … en simplemente  energía liberada al cosmos para trascender a un nivel superior como diría mi querida maestra kundalini

Como fuese! en este día séptimo de cuarentena en Barichara siento que vivir en este lugar paso de una experiencia ancestral a una experiencia resiliente

abrazos 

PedroSK8

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